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Fukushima, 25 años de Chernóbil y el futuro de la energía nuclear
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El pasado 11 de marzo un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter azotó la costa noreste de la isla de Honshuen Japón. La ubicación superficial del epicentro tuvo como consecuencia que se produjese un tsunami de magnitudes gigantescas cuyas olas llegaron a superar los 15 metros de altura. Los efectos más graves del terremoto y del posterior tsunami fueron la pérdida de numerosas vidas humanas (se estiman en unas 20.000), así como innumerables daños en las infraestructuras de todo tipo, incluyendo las energéticas. La magnitud de estos efectos nos ofrece una visión de la proporción de las dos catástrofes naturales en un país muy eficiente a la hora de paliar las consecuencias de los movimientos sísmicos.

En este caso en concreto, varias de las centrales nucleares que estaban situadas en la costa oeste de Japón sufrieron paradas accidentales y en la central de Fukushima-Daichi, los efectos del tsunami tuvieron como consecuencia una serie de fallos en los sistemas auxiliares de la central y como efecto principal la falta de refrigeración de los reactores y de las piscinas de almacenamiento del combustible gastado. La gestión de esta cadena de eventos provocó una serie de fugas radiactivas de una magnitud considerable que conllevó la evacuación en un radio de 30 km alrededor de la central y una gestión compleja de la situación que seguramente durará unos cuantos años.

Algunas semanas después, el 26 de abril, se cumplieron 25 años de la catástrofe de Chernóbil, el mayor accidente nuclear de la historia, provocado por la persistente estulticia de un sistema que generó las raíces del problema y que parecía actuar para magnificar sus consecuencias sin importarle el destino de la población afectada.

Es indudable que el accidente de Fukushima, conjuntamente con el recuerdo de los efectos de Chernóbil, han situado el futuro de la energía nuclear en una difícil encrucijada y que ya se han producido replanteamientos importantes y desiguales de la contribución nuclear al mix energético de cada país, necesario para descarbonizar las respectivas economías. Por una parte, Suiza ha reconsiderado sus planes para construir 4 nuevas centrales antes del 2034, Alemania acaba de decidir que vuelve a sus planteamientos iniciales y ha decidido desconectar los 22 reactores existentes para el año 2022. Por otro lado, los países de las economías emergentes, China, India y Brasil continúan con sus planes de expansión nuclear y en el caso de China se ven incluso acelerados.

Los principales dilemas a los que nos enfrentamos los europeos en este momento son ¿Cómo vamos a financiar el gesto del gobierno alemán? No lo duden, todos contribuiremos a pagar dicha factura; y, en segundo lugar, ¿Cómo conseguiremos suplir la contribución de la energía nuclear para disminuir las emisiones de CO2 proyectadas para el año 2050?

¡Pobre clima y aún más pobres países de la periferia europea!

Jordi Bruno

CEO Amphos 21

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