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La Conferencia de Cambio Climático COP-15 en Copenhague
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Análisis de la situación y perspectivas de futuro. 

Es preciso tener una cierta perspectiva temporal, para poder analizar lo que sucedió en la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP-15) y también para calibrar correctamente cuales son las perspectivas de futuro en relación al cambio climático que es, sin duda, un nuevo reto al que se enfrenta la humanidad y que tiene implicaciones con temas tan fundamentalmente clave, como son: el sistema energético que es la base de la economía Mundial y de la de todos los Estados. Que además tiene  implicaciones clave en el comercio internacional, en los temas estratégicos mundiales y por supuesto en todas las sociedades.  El cambio climático incorpora en si mismo aspectos de tal complejidad y envergadura, que lo sitúa finalmente en el núcleo de una buena parte de los temas cruciales de nuestras sociedades, constituyendo un verdadero reto para el  modelo productivo en relación al cambio global en curso.

Es evidente que los temas de cambio climático son de una importancia capital, de modo que éste tiene y tendrá un impacto directo en muchos sectores de la economía y en las empresas. Lo que ya implica e implicará más aún, en un futuro próximo, en muchos sectores económicos la realización de medidas de adaptación.  También, cabe considerar que el cambio climático, nos está enfrentando a retos hasta ahora desconocidos, por la humanidad, en relación con toda probabilidad a la transformación de muchos aspectos de nuestro sistema productivo, de los temas fundamentales de la posesión, del acceso y de la gestión de y a los recursos naturales, sobretodo de la energía, que es la clave de bóveda y nudo gordiano formado por la correlación: [clima-energía-economía-respuestas de la sociedad-transformaciones legales e institucionales]. Todo ello evidentemente situará a las empresas y a la sociedad en general ante una batería de nuevos retos y por tanto de nuevas oportunidades para quienes sean capaces de identificarlas y de desarrollarlas.

Todo lo anterior, está sucediendo en el contexto de las negociaciones de cambio climático, que son ya de por sí, muy dinámicas, con sus crisis y avances. Nos encontramos, en relación al COP-15 de Copenhague, frente un antes y un después bastante diferentes. Se trata de analizar lo que allí sucedió y de vislumbrar como va ha evolucionar el tema en el futuro próximo. En mi opinión, de calibrar, si se trata de una crisis de crecimiento, debido a la entrada y papel de estados con un gran peso específico, tanto en lo que respecta a sus economías, influencia política e institucional y volumen de emisiones de gases de efecto invernadero, o bien si se trata de una crisis en profundidad, que va ha producir un nuevo formato y un nuevo marco institucional a nivel internacional en relación a los retos del cambio climático que tienen las sociedades planteadas a todos los niveles.

El marco institucional de las negociaciones de cambio climático se ha quedado pequeño, para la trascendencia del tema  y para algunos de sus nuevos actores. China se ha desmarcado del grupo de países en desarrollo en parte (pero no del todo),  para jugar directamente sus cartas de gran potencia con el otro “recién llegado” al tema que son los Estados Unidos.  Con el Presidente Obama, que ha entrado en las negociaciones con un ímpetu sorprendente y sin duda espoleado por sus dificultades internas para la aprobación de nuevas leyes en el Congreso y el Senado.

En el COP-15, China vetó la propuesta de acuerdo de reducción de las emisiones mundiales para 2050 en un 50%.  No solo algunos de los países en desarrollo y economías emergentes líderes (como China, India y Brasil) no favorecieron que se alcanzara un acuerdo en el marco de la COP-15, buscando un acuerdo a parte, sino que un grupo de países en desarrollo, los denominados “países Bolivarianos” (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua) más Sudán y Tuvalu, se opusieron activamente y hasta la cerrazón, a que se alcanzara cualquier tipo de acuerdo en el mencionado marco legal de negociación de la ONU.

La situación actual, es por tanto la siguiente: el COP-15, acordó en el último momento, realmente “in extermis” del  COP, “tomar nota”, como no podía ser de otro modo, puesto que fue resultado de una reunión al margen de la Conferencia, del denominado “Acuerdo de Copenhague”, es decir, el que se realizó a puerta cerrada al margen de la reunión de algunos Jefes de Estado y Jefes de Gobierno con sus Ministros de Medio Ambiente y trabajando en paralelo a las negociaciones de los dos Grupos de Trabajo “Ad hoc” del Convenio, el de Acciones de Cooperación a Largo Plazo y el de Compromisos Adicionales para las Partes del Anexo I.  De este modo institucionalmente, se empezó a abrir la puerta para que este acuerdo no vinculante, es decir sin validez jurídica, se empezara a vincular a las actividades de los dos grupos de trabajo mencionados  del Convenio, de modo que en el COP 16 en Méjico, en diciembre de éste año, previos los Comités y Conferencias  preparatorias que sean necesarias, se pueda integrar institucionalmente en los acuerdos del Convenio.

Por ahora lo que tenemos es un acuerdo de naturaleza política, el “Acuerdo de Copenhague”, de complicada transformación en acuerdo vinculante jurídicamente, puesto que su marco institucional, el del Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático-COP y el Secretariado, han visto como el mencionado acuerdo se efectuaba fuera de su marco y al menos se ha logrado un cierto vínculo con la fórmula de que “el COP-15 toma nota”, pero ello no ha estado exento de consecuencias como la reciente dimisión del Secretario del Convenio Marco de Cambio Climático, Sr. Yvo De Boer,. También la marginación de la Unión Europea en la negociación del mencionado acuerdo ha sido flagrante y representa un serio aviso para el futuro de la UE en estas y probablemente en otras negociaciones, aunque a principios de enero la UE se ha adherido al acuerdo precisamente, para poder estar en el proceso que se genera con la nueva situación planteada.


El orden “tradicional” de todas las negociaciones multilaterales en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, que era el de países en desarrollo enfrentados a los países desarrollados, está empezando a cambiar hacia una nueva situación, en la que un pequeño grupo de Estados líderes de los países en desarrollo y que además son economías emergentes (China, India, Brasil, Sudáfrica), es decir la nueva coalición denominada BASIC, se han desmarcado del resto de países en desarrollo, con objetivos de lograr acuerdos con vocación de multilaterales restringidos con algunos Estados desarrollados (como los Estados Unidos), lo que va implicando un cambio de alianzas, tanto a nivel interno en el grupo de países en desarrollo, como en su relación con los países desarrollados, que va a dar lugar probablemente, a cambios importantes en el orden internacional, no solamente en el marco de las negociaciones de cambio climático, sino también en las negociaciones de comercio internacional en el marco de la Organización de Comercio Internacional (OCI-WTO), que tiene actualmente las negociaciones de la “Ronda Doha” empantanadas hasta nueva reunión. 

Un aspecto positivo, dentro de la complejidad de los temas en juego, es el hecho de que han entrado a participar los Estados que son los mayores emisores de los gases de efecto invernadero, como Estados Unidos, China, India y Brasil (estos no tienen obligaciones en el Protocolo de Kyoto) con compromisos adicionales, el riesgo es el hecho de que el “Acuerdo de Copenhague”  es un acuerdo político de intenciones, que por ahora no está vinculado a los mecanismos de cumplimiento del Convenio de Cambio Climático y el hecho evidente, de que existe seguramente una tentación grande por parte de la mencionada coalición de Estados (BASIC) y Estados Unidos de trasladar las decisiones mundiales de cambio climático a otros ámbitos y foros más restringidos y elitistas, como el G-8, el G-20 o las propias negociaciones de comercio internacional (WTO).

En el expresado contexto, es fundamental constatar que solamente el marco del Convenio de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, puede asegurar la garantía institucional, la transparencia y una cierta igualdad-justicia a todos los Estados del mundo, en la construcción del consenso necesario a nivel mundial en relación a la construcción en curso de los instrumentos de respuesta necesarios para la reducción de las emisiones de cambio climático, entre los que se incluyen los instrumentos de mercado como los mercados de permisos de emisiones, para las acciones de mitigación y de adaptación. Todo ello tendrá unas consecuencias capitales para el futuro de la economía y de las empresas, en relación a un abanico de retos y de nuevas oportunidades que se presentan en todo este proceso.   


Josep  Lluís Salazar
Ambientalista 
Colaborador de la Fundación Empresa y Clima 

 

 
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