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El movimiento ecológico como fuerza social emerge a finales de los años 60. Tanto el libro de Rachel Carson ‘Primavera silenciosa’ como la fotografía del planeta Tierra tomada desde el Apolo 17, ayudaron al crecimiento de un movimiento social de cariz ecológico. Todos (sociedad, gobierno y empresas) tendemos a tomar consciencia de un problema cuando lo vemos de cerca; así, por ejemplo, el movimiento ecológico llega en Alemania en los 70 a causa de la alarma social creada cuando en el río Rhin se acumulan montañas de espuma producidas por el uso de detergentes con ingredientes no biodegradables. La alarma social mueve al gobierno a tomar cartas en el asunto urgentemente y poner en marcha una legislación acorde para evitar este problema concreto. El movimiento ecológico clásico se mueve en dos dimensiones: ‘Lo que estemos haciendo aquí, puede tener consecuencias allí’. Es una dinámica bidimensional. En las últimas décadas el movimiento ecológico ha evolucionado mucho, pero sólo ocasionalmente se ha apartado de esta dinámica. La Nueva Ecología incluye de forma aún más clara una tercera dimensión, el tiempo. El catalizador del nuevo movimiento ecológico es el Cambio Climático en el que está inmerso el planeta. Punto de inflexión relevante fue el documental sobre el cambio climático protagonizado por Al Gore y dirigido por Davis Guggenheim ‘Una verdad que no conviene’. Este documental se rodó y editó en 2005 – 2006 y llegó al público estadounidense en verano de 2006, a Europa en otoño. A partir de este punto existen imágenes del problema, incluso una película!. El mensaje tridimensional es también muy claro: ‘Lo que hacemos hoy aquí tiene consecuencias severas en el futuro’. Existen diferencias significativas entre el Nuevo movimiento ecológico y el clásico. Hoy existe Internet, que facilita y acelera la comunicación. Hoy el movimiento no es sólo social, sino que muchas empresas y personalidades están tomando partido de forma decisiva en favor de esta Nueva Ecología. Hoy se habla claramente de desarrollo, sostenible, pero desarrollo. No se trata de simplemente apagar las luces o darle al botón de marcha atrás a los avances tecnológicos, sino más bien todo lo contrario. Se trata de darle al botón de marcha, incluso al avance rápido hacia la Nueva Economía basada en un desarrollo sostenible. Son incontables las empresas que han tomado parte activa en el nuevo movimiento verde, no sólo con declaraciones de cara a la galería, sino llevando a cabo cambios radicales en la logística, centros de distribución, en los procesos y en los productos, que en ocasiones lleva a exigir por su parte una nueva relación con los proveedores. ‘Green makes business sense’ o El negocio verde es buen negocio, reza el logo que puso en marcha Ricoh en 2006-2007. A bombo y platillo anunció que estaba desarrollando Biotoner, es decir toner basado en materias primas renovables. El presidente sólo añade una importante coletilla ‘but it has to be profitable’, tiene que ser rentable. No se puede optar por cualquier negocio porque sea verde, sino que tiene que ser negocio. Wal-Mart, la cadena de supermercados en el grupo de cabeza de la lista FT500, con un volumen de facturación cercano a los 400 millardos de dólares en 2007, puso en marcha a mediados de 2006 una revolución basada en la sostenibilidad, de la cual el reemplazar las bombillas por otras de bajo consumo, fue sólo un primer paso. Tesco anunció en enero de 2007 que iban a ser el primer supermercado del mundo en incluir la Huella de Carbono de todos los productos que tienen a la venta. El reto del cambio climático ha hecho que un creciente número de empresas se esfuerzen en publicar cada año, no sólo un balance de cuentas, sino también un informe de sostenibilidad. El consumidor concienciado no opta por apagar las luces, todo al contrario, hoy día exige usar energía libre de CO2. No huye del supermercado, sino que exige poder comprar productos producidos con bajas emisiones de CO2. Esto es bueno porque muestra claramente el camino a seguir, más economía, aunque será Economía de bajo contenido en carbono. El camino es claro y la oportunidad de negocio también. La Huella de Carbono pone la métrica en el mismo. Una empresa que pone un producto ‚X’ en el mercado, estará interesada en saber cuál es la huella de carbono de su producto, y, sobre todo, cómo se compara con la del producto ‘Y’ de la competencia. British Standards ya ha publicado a finales de 2008 un método para el cálculo de dicha huella. El reto del cambio climático está más cerca de lo que algunos piensan. Nuestros hijos y nietos harán sin duda la pregunta: “Papá, abuelo, ¿en qué estábais pensando?“ Con el nuevo movimiento ecológico se trata, como dice Al Gore, en su película documental, de hacer que esta pregunta del futuro se oiga hoy en día y con TODA LA FUERZA. Jaume Josa Inno-Terra (http://www.inno-terra.com/) |