SALA DE PRENSA

París, Trump, el drama

La decisión del presidente Trump de sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, alcanzado en diciembre de 2015 en la capital francesa, es, sin duda, de entrada, una mala noticia para la salud del planeta. Concretamente, de hacerse efectiva con todas sus consecuencias, haría aún más difícil limitar el calentamiento por debajo de los 2ºC respecto a la temperatura del período preindustrial, objetivo primordial del Acuerdo de París. El gigante americano es el segundo emisor de gases de efecto invernadero del mundo, después de China, con casi un 15% del total, bastante más que la Unión Europea, que no llega al 10%, y uno de los primeros en emisiones per cápita.

El negacionismo del cambio climático que Trump exhibió durante la campaña electoral no se corresponde en absoluto con lo que la ciencia ha constatado y con las proyecciones disponibles para las próximas décadas. El calentamiento global es inequívoco, algo que ya afirmó con este adjetivo el 4º IPCC en 2007, y que confirmó el 5º, en 2014, y en gran medida, y con un elevado nivel de confianza, de naturaleza antrópica.

Por otra parte, las proyecciones climáticas, a partir de sofisticados modelos físico-matemáticos, que contienen las leyes y principios físicos que gobiernan el comportamiento de la atmósfera y el océano, y en general del sistema climático, dibujan un planeta progresivamente más cálido en los próximos decenios, con un aumento medio global de entre 1ºC y 3,7ºC para finales del presente siglo, respecto a finales del pasado. Tales valores suponen, al tratarse del conjunto del planeta, incremento térmicos muy sustanciales.

Es decir, los modelos proyectan nítidamente un planeta y unos países más cálidos que en la actualidad. Y los climatólogos estadounidenses agrupados en centros tan prestigiosos como, por ejemplo, la NOAA (National and Oceanic Atmospheric Administration) han alertado de la situación presente y venidera sin margen más que para la acción urgente en la dirección contraria a la que pretende Donald Trump.

Un ‘postureo’ que perjudica al planeta en su conjunto

Habrá quien diga que Trump, consecuente con sus manifestaciones durante la campaña a las elecciones presidenciales, cumple su palabra. Tal vez es un auténtico negacionista, aunque no es fácil creerlo con la cantidad de informes de los científicos de su país y de otros sobre la realidad del calentamiento y su causa antrópica. Quizá este aspecto personal sea banal, dado que lo más importante es el posible daño que causará su abandono del Acuerdo de París.

Seguramente, para acabar con las cábalas sobre las verdaderas causas de su decisión, la misma haya que encuadrarla en el contexto más amplio de su oposición a las medidas y decisiones de su antecesor en el cargo. Si el presidente Obama propuso una reforma sanitaria, una de las primeras decisiones de su sucesor fue intentar su derogación y sustitución. Y lo mismo con la participación estadounidense en el Acuerdo de París. ¿No habrá algo de postureo en estas decisiones, aunque postureo irresponsable para el planeta?

Los primeros cálculos sobre el impacto en la temperatura de la decisión de Estados Unidos arrojan unas pocas décimas de ºC de más sobre las proyectadas en el Acuerdo. Pero unas décimas, entre dos y tres, por concretar, podrían ser decisivas para alcanzar o sobrepasar el umbral crítico de los 2ºC.

La apuesta ganadora son las renovables

Si hay que recordar una conclusión del Acuerdo de París es que no se apostará más por los combustibles fósiles, alerta global para gobiernos, empresas, ciudadanos, especialmente dirigida a las todopoderosas multinacionales del petróleo. Las energías renovables, térmica solar, fotovoltaica, eólica, etc, han de sustituir completamente a las de naturaleza fósil, como las que proveen el carbón, el petróleo y el gas natural. Hay que descarbonizar la economía y para ello no cabe otra opción que una transición energética de sustitución de unas por otras, de forma progresiva, para ser realistas, pero de un modo urgente, para preservar nuestro hogar, el planeta.

Para Cataluña el Tercer Informe sobre el Canvi Climàtic de Catalunya , aparecido recientemente, recomienda dar un nuevo impulso a la energía fotovoltaica y a la eólica, que tienen una representación limitada, impropia de un país moderno. En Cataluña, como en el conjunto de España, ambas tiene un gran potencial de producción por nuestras condiciones climáticas. España fue líder mundial hace muy pocos años en potencia eólica instalada, pero una desafortunada política energética y una mala planificación nos ha hecho perder lugares en el ránquing y confianza entre el ciudadano.

Abusando de la toponimia del film de Wim Wenders Paris, Texas, de 1984, y del drama de su protagonista, Estados Unidos tendrá que recuperar, más pronto que tarde, el buen juicio y rehacer su posición frente a uno de los principales retos de la humanidad en el presente siglo. Tenemos a favor de que ello sea así las políticas activas contra el cambio climático de muchos de sus estados, la apuesta decidida por la sostenibilidad de las grandes empresas tecnológicas americanas, un porcentaje creciente de la población que empieza a pensar que progresar no es consumir más, y hasta las dificultades jurídicas de abandonar el Acuerdo, que pueden llevar por lo menos un par de años de negociaciones.

* Javier Martín-Vide, Director del Instituto de Investigación del Agua, Universidad de Barcelona; Mª Carmen Moreno García, Profesora Titular de Geografía Física, Universidad de Barcelona

Fuente: La Vanguardia