SALA DE PRENSA

La cumbre de Bonn acaba con escasa ambición climática

La cumbre de Bonn ha concluido con signos de debilitamiento del impulso y el liderazgo político para aplicar el Acuerdo de París (2015) contra el cambio climático. Y no sólo por el anuncio de EE.UU. de abandonar este pacto (que hará efectivo en 2020). La conferencia estuvo precedida por informes sobre el aumento de emisiones de CO2 tras tres años de estancamiento mundial, pero las alertas han tenido un escaso efecto. Los informes de los científicos han hecho sonar las campanas porque se está ampliando la brecha entre las concentraciones de CO2 en la atmósfera y las reducciones necesarias para evitar los estragos climáticos; pero en Bonn, las negociaciones han seguido el guion rutinario. Se avanzado en la definición de las reglas de funcionamiento del Acuerdo de París, pero no éstas no estarán listas hasta el año próximo. Las grandes decisiones se postergan para el 2018 (la cita en Katowice, Polonia)

La cumbre ha estado marcada por los desacuerdos entre los países más ricos y los menos desarrollados, en materia de financiación, ya que estos últimos consideran insuficientes los compromisos de financiación para el cambio de modelo energético. Este asunto será un gran incógnita para el futuro; una gran losa para años venideros. ¿Quién aportará los fondos con que contribuía EE.UU. y que se perderán tras su marcha?

Todo queda pendiente del Diálogo de Talanoa que debe desarrollarse en 2018 en Katowice , y que debe servir para que los países evalúen sus avances en materia de reducción de emisiones, fijen las mejores soluciones para elevar su ambición climática y -tras esa valoración- presenten en el 2020 sus nuevas promesas o contribuciones en el marco del Acuerdo de París (ahora ya con carácter obligatorio para todos).

Un asunto relevante de la cumbre ha sido el paso adelante dado por Merkel y Macron para que, en ausencia de Estados Unidos, la UE recupere el liderazgo global en esta lucha. La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de abandonar el Acuerdo de París, no ha supuesto un freno para el avance de las negociaciones. La sociedad civil y muchas ciudades y estados de EE.UU. han asumido continuar la lucha contra el cambio climático.

“En Bonn se ha continuado trabajando para construir el Acuerdo de Paris y no habido retroceso en ninguno de los temas tratados”, valora el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente.

Avances técnicos

La cumbre del clima (COP23) concluyó de madrugada con la aprobación de un documento en el que empiezan a concretarse las reglas del Acuerdo de París contra el cambio climático: el intento de homogeneizar la presentación de las contribuciones o planes de acción climática de cada país y el modo de revisarlos y verificarlos de modo transparente.

El primer ministro de Fiji, Frank Bainimarama, presidente de la COP23, consideró que el texto aprobado es “un paso adelante para avanzar en la puesta en marcha del pacto alcanzado en 2015, si bien hay que ir más rápido en su implementación”. No obstante, el comisario europeo de Acción por el Clima, Miguel Arias Cañete, reconoció que tras la COP23 se abre un año intenso de reuniones para la diplomacia climática porque “queda mucho trabajo por delante para concluir el texto de las reglas en la fecha fijada”, diciembre de 2018.

Dos asuntos centraron la atención hasta el último momento. Se trata del mecanismo de revisión de los compromisos nacionales de reducción de emisiones del Acuerdo de París, y la financiación que los países ricos van a destinar a los en desarrollo en mitigación y adaptación al calentamiento.

La cuestión de la financiación retrasó la adopción del acuerdo. Los países en desarrollo exigían a los ricos que informaran con dos años de antelación cuánto dinero iban a aportar y en qué plazos, con el objetivo de que pudieran saber con qué fondos contaban.

Fuentes de la delegación europea aseguraron a Efe que con los márgenes presupuestarios que manejan los países no es factible decir, aquí y ahora -como les estaban exigiendo- cuánto dinero van a aportar en un horizonte de diez años, si bien no ha sido la UE quien se ha opuesto a avanzar en este exhaustivo reporte sino Estados Unidos, Australia y Japón.

La financiación para los más pobres, debate clave no cerrado

Aunque la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París no se materializará hasta 2020, su anuncio y el hecho de que sea uno de los grandes donantes ha creado un clima de desconfianza general en los países en desarrollo, que, de manera casi unánime, han presionado al resto de países ricos que permanecen comprometidos para que les aseguren la financiación.

En la cumbre de Copenhague (2009) se prometió una gran movilización de recursos económicos públicos y privados (100.000 millones de dólares anuales a partir del 2020), pero faltan concreciones.

Los países en desarrollo lograron -eso sí- que el Fondo de la Adaptación del Protocolo de Kioto se mantenga en el Acuerdo de París.

Pero insistieron hasta la saciedad en reclamar un informe detallado de cuánto dinero van a aportar hasta 2020, y lo que están haciendo a nivel interno antes de esa fecha, que es cuando entra en funcionamiento el pacto de París, pues a partir de ese momento por primera vez tiene obligaciones para todos.

Daños y pérdidas

Otro asunto postergado es el denominado Mecanismo Internacional de Varsovia, que se estableció en 2013, diseñado para afrontar las pérdidas y los daños que se producirán como consecuencia del cambio climático en los países más vulnerables.

Aquí las conversaciones siguen bloqueadas entre aquellos países que reclaman la provisión de fondos y la transferencia de capacidades y tecnologías, frente a aquellos Estados que ven innecesarios los fondos con este fin y relegan la cuestión a un problema de seguros financieros. Ante la falta de acuerdo, la cumbre opta por posponer el diálogo e invitar a los Estados a enviar nuevos comentarios hasta el 1 de febrero de 2019.

Además, los países en desarrollo querían asegurarse de que los principales responsables del cambio climático cumplen sus compromisos en la segunda fase del Protocolo de Kioto (2012-2020), para ellos empezar a hacer los suyos a partir del 2020, cuando toma el relevo el Acuerdo de París.

De la COP23 salió también el diseño del llamado Diálogo de Talanoa, mediante el cual los países deberán rendir cuentas en la próxima cumbre (Katowice, Polonia) sobre cómo van a incrementar la ambición de sus compromisos de reducción de emisiones nacionales para lograr el objetivo al que se han comprometido: contener el aumento de temperatura del planeta por debajo de los 2º C, y, si es posible, en 1,5º C (siempre respecto a las de la época preindustrial).

En este sentido, los científicos elaborarán un informe previo a ese Diálogo sobre los impactos de la subida de temperaturas de 1,5º C de aumento de temperatura, lo que servirá para calibrar si los objetivos de reducción de emisiones actuales de los países van por buen camino para alcanza esa meta o si, como ya ha adelantado la ONU, conducen a temperaturas de 3º C a finales de siglo.

“EE.UU. vive en un universo paralelo”

La COP23 sirvió también para demostrar que la Administración Trump “vive en un universo paralelo con su obsesión trasnochada por promover los combustibles fósiles”, declaró a Efe Paula Caballero, portavoz de cambio climático del World Resources Institute (WRI).

Con la Adhesión de Siria al Acuerdo de París durante la COP23, Estados Unidos queda “aislado” como único país fuera del pacto, si bien su sociedad ha demostrado que “sigue dentro”, atendiendo al nombre del inmenso pabellón alternativo que han tenido en la COP23 y por el que han pasado incontables gobernadores, alcaldes, empresarios, científicos y activistas estadounidenses.

“Críticas a España por no estar en la alianza anticarbón”

Una buen noticia es que la COP23 se cierra con un plan de acción de género en materia climática, y con una plataforma que permitirá a las comunidades indígenas -370 millones de personas- tener voz en las negociaciones, además de con innumerables compromisos de la sociedad civil.

El primer ministro de Fiyi concluyó recordando a los países que “todos estamos en la misma canoa. Los impactos pueden variar, pero ningún país puede escapar del daño del cambio climático”.

Esa “canoa” queda, desde este momento, en manos de Polonia, que debe conducirla con mucha diplomacia para alcanzar el éxito en su próximo destino, la cumbre del clima de Katowice (COP24), en diciembre de 2018.

El liderazgo de Reino Unido y Canadá parar cerrar las térmicas

La conferencia de Bonn ha dejado como elemento más relevante la presentación de una alianza de una veintena de estados que aboga por eliminar el uso del carbón en la producción eléctrica antes del 2030 para los países de la OCDE (y para el 2050 para el resto). La necesidad de prescindir de las térmicas de carbón surge así como una de las etapas clave con que los gobiernos deben afrontar el cambio climático. ¿Objetivo último? Cumplir el compromiso de contener el aumento de temperaturas por debajo de 2º C respecto a las de la época preindustrial, según el acuerdo de París.

Fuente: La Vanguadia