SALA DE PRENSA

Cumbre de Clima de Marraquech deberá centrarse en mecanismos de transparencia

La cumbre sobre el cambio climático de Marraquech (COP22), prevista para el próximo noviembre, deberá centrarse en los mecanismos de transparencia aplicables a todos los países, según el presidente de la COP20, el peruano Manuel Pulgar.

Serán centrales los elementos de “transparencia, rigor científico, monitoreo, definición de acciones viables y verificación” que cada país deberá poder demostrar, dijo a Efe Pulgar, ministro de Ambiente del Gobierno peruano saliente, quien hoy asistió en Rabat al Foro global de alianzas y coaliciones para preparar la agenda de la reunión de Marraquech.

A ese encuentro también acudió Segolène Royal, presidenta de la COP21 del año pasado en París y titular francesa de Ecología.

El debate sobre objetivos climáticos entre países desarrollados y en vías de desarrollo sigue vigente, aunque Pulgar sostuvo que en cierto modo se ha “aliviado” porque los países comparten cada vez más los mismos objetivos, aunque discrepen en cómo lograrlos.

La transferencia tecnológica y la financiación para la transición energética continúan siendo los elementos más espinosos, pues los Estados desarrollados exigen transparencia en ambos casos, además de resultados, y no se han resuelto problemas ligados a la propiedad intelectual o la “construcción de capacidades”.

En este sentido, Pulgar abogó por fórmulas imaginativas como la que acaba de establecer Perú con Noruega: el país escandinavo compromete una financiación gradual de hasta 300 millones de dólares a cambio de protección de la masa forestal, ya que en Perú el 50 % de las emisiones procede de la deforestación.

Para que el país andino pueda mostrar resultados y así acceder gradualmente a esa financiación, ha establecido mecanismos concretos de gobernanza en la gestión de sus bosques y ahora trabaja en un mapa completo, terrestre y aéreo, de su masa forestal.

Recordó que los Estados menos desarrollados también pueden aportar prácticas originales en pro de la sostenibilidad, como pueden ser los cultivos en terrazas en los Andes (en vías de desaparición) o la forma en que los indígenas amazónicos explotan el bosque y sus productos.

Es posiblemente en las zonas urbanas de los países más pobres donde se plantean los retos ambientales más difíciles, como hacer de las megaurbes del tercer mundo, mal planificadas y superpobladas, espacios sostenibles, señaló Pulgar.

Sin embargo, resaltó, hay espacio para el optimismo porque, por una parte, cada vez hay mayor conciencia mundial sobre los problemas que acarrea el cambio climático y hasta los mercados están yendo cada vez más hacia la valoración de los productos sostenibles (por ejemplo, los automóviles eléctricos).

Por otro lado, las fricciones entre los principales países emisores ya no son lo que fueron y, como resultado, China y Estados Unidos, antaño muy enfrentadas, comparten ahora la preocupación por un problema que consideran global y la necesidad de crear herramientas para combatirlo.

Fuente: La Vanguardia