SALA DE PRENSA

Bonos contra el cambio climático: la próxima apuesta del Gobierno para la empresa española

Las empresas españolas acuden con creciente asiduidad al todavía poco explorado mercado de los bonos verdes. Un territorio por el que el Gobierno apuesta con decisión como una de las fuentes de financiación corporativa claves en el futuro más inmediato.

En un contexto en el que la sostenibilidad ambiental es un valor en alza, así como las inversiones socialmente responsables, estos bonos verdes se han convertido en la mejor opción de financiación vía renta fija para un número cada vez más nutrido de empresas. Incluso algunas administraciones públicas, como la Comunidad de Madrid, han hecho ya sus primeras incursiones en este terreno.

Todo esto se traduce en un exponencial desarrollo del mercado de bonos verdes en España que el Gobierno está dispuesto a espolear. La directora de la Oficina Española del Cambio Climático (OECC), Valvanera Ulargui, ha señalado que el objetivo es crear una plataforma de colaboración público-privada.

La responsable de esta institución dependiente del Ministerio de Medio Ambiente ha destacado está semana en un acto en Madrid que la empresa española necesita “hacer un gran esfuerzo para ser competitivo” en este escenario. Así, ha destacado la conveniencia e interés del Gobierno en “crear un marco legal en el que se puedan gestionar los posibles riesgos financieros” derivados de estos nuevos papeles de renta fija.

Javier Serra, director de Internacionalización de la Empresa de ICEX, el organismo dependiente del Ministerio de Economía encargado de potenciar el comercio e inversión exterior en España, se ha pronunciado en la misma línea y con más determinación. “Vamos proveer una plataforma pública que sirva para compartir conocimiento y facilitar un red para acercar a los actores involucrados en torno a las oportunidades de este sector”, ha señalado.

Mientras tanto, los datos que baraja el organismo muestran que, aunque todavía testimonial, el protagonismo de los bonos verdes gana peso a pasos agigantados. A lo largo del año 2016, las emisiones de este tipo aumentaron en torno al 90% respecto al 2015, llegando a 81.000 millones de dólares. Y los todavía recientes acuerdos de la Cumbre del Clima de París prometen un amplio desarrollo de esta vía de financiación a escala global.

Las agencias de rating también se tiñen de verde

La previsibilidad de esta escalada va más allá de las intenciones de la administración española. China, economía en el que los problemas medioambientales comienzan a ser acuciantes mientras su Gobierno procura un drástico cambio de modelo productivo y de consumo, se ha convertido en el nuevo paraíso de estos bonos sostenibles. Todo un gigante del negocio de las emisiones de deuda corporativa como Standard & Poor’s (S&P) ha lanzado hace solo unas semanas una división específica para la asesoría, valoración, certificación y seguimiento de estos bonos verdes poco a poco más y más comunes.

El experto Juan Carlos Villanueva, editor de Guía de la Financiación Empresarial, insiste en la necesidad de que todos los actores implicados en la captación de capitales para el desarrollo corporativo deben prestar delicada atención a estas nuevas formulas de financiamiento. En su opinión, “los poderes públicos y la sociedad en su conjunto” han de comprometerse “para impulsar y facilitar el crecimiento y la financiación de nuestras empresas y emprendedores en un momento de pujanza de los proyectos empresariales”.

Desde la agencia estadounidense de calificación crediticia, defienden la necesidad de su nueva rama especializada de negocio por la demanda del mercado de medidas específicas sobre impacto ambiental y climático así como de transparencia y responsabilidad social corporativa en el mercado de bonos. Una exigencia que Michael Wilkins, director del nuevo servicio específico de evaluación verde, ha constatado tanto entre inversores como por parte de los propios emisores, interesados en hacer valer sus prácticas sostenibles como vía de acceso a nuevos y selectivos cauces de financiación.

Fuente: El Boletín