SALA DE PRENSA

Alemania, adicta al carbón y abanderada en lucha contra el cambio climático

La canciller alemana, Angela Merkel, cabalga en la contradicción de ser uno de los líderes que abandera la lucha contra el cambio climático y, a la vez, encabezar un país que depende cada vez más del carbón.

Merkel fue hoy una de las encargadas de abrir el tramo político de la Cumbre del Clima de Bonn (COP23), alentando a los representantes de cerca de 200 países a dar pasos para llevar del papel a la realidad el Acuerdo de París de 2015 para luchar contra el calentamiento global.

Pero a la puerta de la conferencia le esperaban desde primera hora de la mañana varias decenas de manifestantes de distintos colectivos ecologistas que extendieron para la canciller una pancarta de 80 metros exigiéndole el fin del uso del carbón en Alemania.

“Déjalo en el suelo”, exigía la pancarta, el culmen de una serie de acciones de activistas alemanes que, con motivo de la celebración en Bonn de la COP23, han movilizado a miles de personas en los últimos días para manifestaciones y acciones como la irrupción en la mina de Hambach o la persecución de una barcaza con carbón en el Rin.

Merkel instó a la acción en política medioambiental, pero reconoció que su país sufre cierta dependencia del carbón y que no es tarea fácil reducir las emisiones por motivos políticos, sociales y económicos.

En la ecuación hay que incluir también “cuestiones sociales” y “puestos de trabajo”, además de la necesidad de mantener la electricidad a unos precios “pagables”, razonó la jefa del Gobierno alemán.

El asunto es uno de los mayores escollos de las negociaciones que están llevando a cabo en la actualidad en Berlín entre el bloque conservador que apoya a la canciller y las otras dos fuerzas con las que quieren formar gobierno: Los Verdes y el Partido Liberal (FDP).

Los Verdes -como muchos activistas- exigen el fin del uso del carbón para 2030 en Alemania, una medida a la que se oponen los liberales, y por el momento no han logrado alcanzar un acuerdo.

El aumento del consumo de carbón -hasta suponer cerca del 40 % de la producción eléctrica- está, paradójicamente ligado a la transformación energética que inició Alemania en 2011, que fijó el “apagón” nuclear para 2022 y el fomento de las renovables, y está poniendo en peligro su compromiso de reducción de emisiones.

Por su parte, las renovables se han convertido ya en una de las principales fuentes de energía en Alemania, pero el descenso de la nuclear ha provocado el repunte del carbón, como fuente que da estabilidad al sistema frente a las fluctuaciones intrínsecas a la solar y la eólica.

Alemania, que se comprometió a reducir en un 40 % sus emisiones para 2020 frente a los niveles de 1990, va camino de alcanzar solo un recorte del 32 %.

Expertos y activistas congregados en Bonn coinciden en denunciar esta situación, que a su juicio sienta un pésimo ejemplo y resta credibilidad a Alemania.

En su opinión, abandonar el carbón es la única opción que tiene Berlín para seguir liderando a la comunidad internacional en la lucha contra el cambio climático y lograr las metas que se ha fijado.

En este sentido Bonn Jan Burck, responsable de Protección Medioambiental y Energía de la ONG GermanWatch, aseguró que Alemania es un “campeón mundial quemando lignito”, el tipo de carbón más contaminando.

De hecho, en el Índice de Actuación sobre Cambio Climático 2018 presentado hoy en la COP23 por una alianza de colectivos medioambientales Alemania aparecía en el puesto vigésimo segundo, por debajo de la media de la UE.

Niklas Höhne, fundador del NewClimate Institute, agregó que “no se trata solo del carbón”, porque las emisiones del transporte se han mantenido estables “en los últimos 20 años” y porque a Alemania le queda mucho por hacer en sus sectores industrial y de la construcción.

La mayor economía europea tiene “un enorme catálogo de puntos pendientes” si quiere contribuir a limitar la subida de las temperaturas medias globales a menos de 2 grados centígrados frente a niveles preindustriales.

Fuente: La Vanguardia